Actualmente nuestros matadores colombianos toman su alternativa mucho más jóvenes que en aquel entonces y en algunos casos sin contar con la madurez suficiente para enfrentar la difícil labor que les espera. Hasta la fecha se puede decir que hemos tenido verdaderos ídolos por largas temporadas ante los públicos, igualmente se han doctorado algunos que tuvieron debut, presentación y despedida en una sola tarde. Para algunos ser matadores de toros era cuestión de orgullo, un reto, una aspiración o simplemente una ilusión. Otros, en cambio llegaron a ser matadores por pura y definitiva coincidencia. Sin embargo, tanto para unos como para otros, el hecho de haber tomado el doctorado como matadores los envistió de cierta “aureola mágica” que sólo los taurinos podemos percibir.
Se le llama matador de toros al que toma la alternativa en una ceremonia preparada para tal fin, padrinos o poderdantes son los que deberían velar porque el toricantanto siga una senda de éxito y testigos son los que pueden certificar con su presencia que se produjo el doctorado dentro de los cánones establecidos. No obstante, muchos que he conocido llegaron a viejos y murieron con la ilusión de llegar a escuchar que se les llamara matador; a otros que sí tuvieron la suerte de tener una ceremonia, ni el padrino, ni el testigo, les sirvieron para alcanzar el éxito que todos anhelan.
En mis años he conocido niños, jóvenes y adultos que entrenan y se preparan para llegar a ser matadores, algunos saben que tienen futuro y otros saben que lo que tienen no les alcanza para llegar, pero unos y otros viven de la ilusión, de la coba, del recuerdo de un pase o una oreja cortada en el pueblo mas lejano, una oreja que sólo en su mente tiene valor. No importa, si la oreja fue o no cortada, lo que importa es estar y desear ser un matador.
A veces creo que muchos de los novilleros que conozco no tienen futuro en los ruedos y que sería mejor que se dedicaran a otra cosa, a estudiar o trabajar, que no se creyeran que son o pueden ser matadores, y ahí me doy cuenta que yo no soy nadie para pedirle a alguien que deje sus ilusiones a un lado, porque esas, las ilusiones son las que nos mantienen vivos y yo tengo la ilusión de llegar al final en medio de mis toros. Adelante muchos jóvenes y viejos con sus ilusiones.